Acarrea el tren ritmo satisfecho
por las vías que llevan a la muerte.
La madre, con el rosario, convierte
una oración en amparo de hecho.
Pasa cuentas del rosario,
la mente en la virgen puesta.
Adamuz está en la cuesta
y un tren por el raíl contrario.
Se agita el tren en su viaje
como ruin culebra que huye.
En los vagones influye
el aire del seco paisaje.
Esta noche en el camino
que tiene la vía rota
la parca sus manos frota
ante el social desatino.
Averiada la vía no testada.
Los conductores dicen oraciones
al trepidar la cola de vagones.
Su sangre hierve por esa canallada.
Llega el día en que Adamuz espabila.
Dos trenes viajan en sentido opuesto
bajo continuo y violento traqueteo.
Al cruzarse, uno de ellos descarrila
y al otro arrastra en su caída
que se pierde en la hondonada.
¿La dirección alarmada?
¿Quiere ayuda?. Que la pida.
No está el gobierno afligido;
dicen carecer de culpa.
Este desastre resulta
del otro que no ha sabido
hacer propaganda cierta
de lo mal que estos lo hicieron.
De aquel polvo estos cubrieron
la maldad que anda encubierta.