Personalmente, preferí morir ese día.
Obvios resultados siempre que me sonríes.
¿Qué podría confiscarle a la vida?
Suicidas y amigos,
monotonías de pájaros,
fuerza mayor, ley de desamor,
egoísta verde, espía sin detalles,
mi ficción frente a ti,
el personaje desvanecido a tu lado...
Pero preferí morir ese día.
Llevarme tu rostro de espalda,
ese adiós como hazaña,
sin lamento, como hazaña.
¿Qué podría devolverle a la vida?
Afables mañas,
siglos a destiempo,
invasiones a tus ojos,
derrotas legítimas en tu boca
y tu mano alcanzando el aire de la amnesia,
diciendo adiós con palabras y arpegios
que nadie usa en las demoras.