Naciste como botón de invierno,
luchando con sépalos de brío,
ante el rosal que abrazó con hierro
y el colibrí que sembró el olvido.
Creciste en un vivero de ortigas,
y un granizo quemó tu inocencia;
pero de tus hojas mortecinas
brotaste con zarcillos de fiera.
Floreó tu corola entre la niebla
hacia el estío del primer amor,
y aunque su cierzo rasgó tus hebras,
en tu fruto hallaste guía al sol.
Sangró tu vientre hasta la agonía;
yo era frágil brote y tú, flor rota.
Le hablaste con ruego a mi semilla
y así nos abrimos a la aurora.
Te convertiste en néctar y raíz,
cuando mi andar era solo intento,
invernando tus sueños de abril
y abrazando abrojos en silencio.
Hoy despliegas tu viva corona,
tu enredadera se teje al viento;
rompiendo las macetas que amoldan
y escalando las cercas del huerto.
Es tu aroma, mujer pasionaria:
un tropical hechizo indeleble,
una sonrisa que busca el alba
y un rojo fuego que reverdece.
Tus pétalos secará el otoño,
y un día en polen se volverán;
mas tu savia de rebeldía y gozo,
en mis hebras vivirá, mamá.
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20 de octubre de 2026
Ciudad de México 🇲🇽