Pasaba cerca del riachuelo,
con ganas de seguir durmiendo,
pero un anciano hombre se detuvo
en su paso… para mirarme con lástima,
y decirme: Ya es tu hora de descansar.
Aquello me ha dejado confundida,
no sabía a qué se refería… y aunque
he querido preguntar… por qué a
dicho eso, aquel sujeto nunca me
volvió a dar su mirada apenada.
Repasé mentalmente lo sucedido,
y no he entendido su frase, se sintió
cómo si de un muerto se tratase,
lo raro es que yo estoy viva, no le
veo lógica decirme tales palabras.
Pasé frente a una tienda de botones,
el lugar favorito de mi amado esposo,
entré para saludar a ese viejo amigo,
le hablé… y ni un sonido salió de él,
de él… solo salió un escalofrío.