Dices que soy «vieja» con gracia y soltura, y honores soy cómo la almeja.
como si la juventud fuera una escultura,
un premio eterno que vas a conservar, soy una ternura,
mientras el tiempo a ti te parece olvidar tú, lo quieres pisar.
¡Qué gran hallazgo, qué mente brillante!
Notaste mis arrugas en tan solo un instante.
No se te escapa nada, ¡menudo talento!, que bueno que te sientes contenta
mides la vida por el paso del tiempo.
Y no por las virtudes ¡buen intento!
Es cierto, he acumulado algunos marzos,
mientras tú sigues verde en asuntos bondadosos.
Yo gano experiencia, temple y criterio; en ferias del cielo
tú sigues pensando que la edad es un misterio. Yo disfruto con un corazón sincero.
Pero no te me asustes, mi joven profeta,
que la física es sabia y cumple su meta:
el tiempo no perdona, avanza en carrera,
y las canas te esperan a la vuelta de la esquina. Cuando sientas comezón en la cabeza verás que soy sincera.
Así que disfruta tu piel sin arruga,
aprovecha el momento antes que de tí huyan,
que envejecer es un arte de sabia cordura...
y lo tuyo, me temo, no tiene cura.
La sabiduría la traigo de tropiezos.
Y mis arrugas son mi trofeo. Pero los valores adornan mi espíritu y mi cuerpo.
Que bueno que me diste la idea para escribir mi propio poema.
Autoría Viviana María Londoño Mazo