Cuando la poesía trasciende la rima y la prosa, ficción, verdad y pura observación,
cobra vida en quien la experimenta y lo convierte en un eterno aprendiz...
La poesía se hace camino y, al escribirla, el rumbo cobra sentido.
Cuando la poesía nace de cada costura del alma, de cada latido, de cada aliento, y exige tiempo lento del pensamiento,
la grieta abierta de la percepción, y el sentido profundo de la palabra...
La poesía no solo se escribe ni se siente: circula por la sangre y al compás del calendario, cada día es poesía.
Y así, quien la habita por entero
hasta la misma esencia
de su ser,
se convierte en amante de las letras, devoto y voz dela palabra,
inconformista, tenaz, buscador de sueños, y como la raíz al árbol...
De pies a cabeza, poeta.