Las paredes de mi casa
dicen tu nombre
cada vez más quedo
y comienzan a olvidarlo.
Mi gato,
que tanto te quería,
ya no te reconoce.
A veces,
tu voz vuelve al pasillo,
como si no supiera irse.
Hay quienes ya dudan
de que existieras.
El sillón,
que aún guardaba tu forma,
empieza a ceder al polvo.
Ahora sé
que la ausencia
tiene cuerpo.
Y a veces
usa el mío.
Hoy es tu cumpleaños.
Tu sombra ya no cena conmigo.
No sé
si te fuiste
o me dejaste.
Si es un paréntesis
o un final definitivo.
Si más allá
aún queda algo de nosotros.
No quiero saberlo.
Todavía.