Aquí estoy caprichosa vida. Me llevaste por diferentes sendas: Abismos profundos, escabrosos poblados de soledades, angustias y lágrimas. A la vera de cimas brillantes, esperanzadas y apasionadas.
Sé generosa, dame sabiduría suficiente para comprender, por qué surge en mí, la necesidad de demoler las rocas con mis manos hasta convertirlas en polvo inerte.
Porqué? Cuando más sed tenia me diste a beber agua amarga, obligándome a convertirla en miel, esa sed gozaba del dulce manantial, pero eres caprichosa y consentida, como siempre falseas el afán del caminante, le das sal como prima en el camino próximo y un calmoso fresco e ilusorio vergel como licor de aguamiel.
Me tomaste del vientre materno, me aferre a ti, comprende que sin mí tú no eres. Déjame ser la savia que persuade a la flor, de ese modo los pétalos se tornaran rosados y frescos.
¿Porqué me desafías y riñes? Sé justa reconoce que soy valiente, sabiendo que eres mi sino , te batallo. Por ti mordí la tristeza, ceñí los dientes y arañe raíces, a pesar de ello en el silencio profundo de la madrugada rio, amo y sueño. No te guardo inquino crispados que no me oscurecieron con rencores.
Ahora, amarrada en puerto seguro me encandilas con olas destellantes, me zambulles y prometes regocijos. Hablas de navíos fantasmas, que navegan desiertos con velas desplegadas, que van hacia un eterno horizonte desconocido.
Suéltame. No necesito tu mano para aflojar las amarras y elevar el ancla.
Aquí estoy, caprichosa vida. ¡Temerosa pero erguida, dándole a mí libertad la bienvenida!
Marta