Tiene sus estaciones y sus leyes inapelables:
a veces es claridad que ilumina de golpe la existencia,
y entonces todo se aclara y el camino se despeja;
a veces es niebla densa donde buscas y no encuentras,
y aprendes a confiar no en lo que ves, sino en lo que sabes;
a veces es refugio inexpugnable donde nadie puede herirte,
sagrado y solo tuyo, inviolable;
a veces es tormenta que nadie más presencia,
y aun así… sigue viva, latiendo, creando, transformándose.
Nadie puede penetrar ahí sin tu consentimiento:
es tu fortaleza más antigua y tu libertad más profunda.