Llegaste al salón un poco desaliñada,
con el pelo suelto y la prisa en la mirada.
No sabías que esa mañana yo te estaba esperando,
que el destino te traía sin avisarte que ibas llegando.
Y ese día lo supe, no sé cómo explicarlo,
pero algo en el pecho me dijo: \"no la dejes ir\".
No te quería para un rato, ni para un momento,
te quería para toda la eternidad, sin medir el tiempo.
Porque hay un hilo rojo que nos une desde antes,
que nos buscó en la distancia sin que lo supiéramos.
Y hoy que estamos aquí, bailando esta balada,
veo claro que la vida nos tenía destinada.
Me perdí en el café de tu mirada,
y desde entonces soy un adicto sin salida.
Y si hemos luchado tanto, hoy vale la pena,
porque estamos aquí, tú y yo, cerrando esta promesa.
No fue fácil, lo sabemos, hubo días de tormenta,
pero siempre encontramos la manera de volver.
Y aquella promesa frente al mar, cuando te comprometiste,
hoy la venimos a cerrar delante de Dios, como dijiste.
Y hoy te veo de blanco, caminando hacia mí,
y no hay palabra que alcance para describir.
Porque empezamos con un beso y un \"te voy a cuidar\",
y terminamos aquí, jurándonos hasta el final.
Que me pierda en tu mirada una vez más,
que me tome de tus manos y no quiera soltar.
Porque fuiste la promesa que el mar escuchó,
y hoy eres la realidad que mi alma soñó.
Porque hay un hilo rojo que nos une desde antes,
que nos buscó en la distancia sin que lo supiéramos.
Y hoy que estamos aquí, bailando esta balada,
veo claro que la vida nos tenía destinada.
Me perdí en el café de tu mirada,
y desde entonces soy un adicto sin salida.
Y si hemos luchado tanto, hoy vale la pena,
porque estamos aquí, tú y yo, cerrando esta promesa.
Te conocí un día cualquiera,
en un salón de clases, con prisa y sin glamour.
Y hoy te tengo aquí,
bailando la última balada
de la primera noche
de nuestra eternidad.