No ha nacido nada igual a la primavera de tu vida,
ni al milagro de luz que tienen tus ojos,
la paz que detiene el tiempo y estar en su centro,
el único motivo porque miro el cielo.
No existe marea en el mundo como la calma de tu mano
ni brújula que dicte el rumbo si no estás aquí…
la memoria de tu voz se hace música en los silencios,
un mapa de ternura dibujado en el viento.
El recuerdo de tu sonrisa todo lo cura,
eres el verso que el alma de noche murmura,
la caricia eterna de tu primer abrazo,
un faro de luz que en la sombra perdura.
Madre querida, alma bendita,
la fuerza sutil que en mi habitas,
tu amor es un mar despejado, un refugio,
el milagro divino de mi destino.