Voy ligero y adoro ir ligero. Voy tranquilo, como también a mi ritmo.
Pocos valoran la ligereza como yo, pues ir ligero es un privilegio, es una libertad que no todos entienden. Pues ir ligero significa que adonde voy no necesito nada o que adonde voy está todo lo que necesito.
Y así me muevo por la vida, con la tranquilidad de aquel que ya lo tiene todo porque no necesita nada.
A la par, odio ir cargado, con paso pesado. Odio recordar el olvido de lo que necesito, pues, ligero, no lo llevaría conmigo. Detesto ir cargado y demorar mi paso, porque ligero ya hubiera llegado.
Pero ir ligero no es solo no ir pesado. Ir ligero es ir liberado, con un pensamiento despejado.
¿Qué gracia tendría ir alivianado con el pensamiento atormentado?
Pff...
Cuando uno va ligero, los pensamientos pueden volar a la par que el cuerpo, pero, pesado, el único deseo es querer ir ligero.
Y así voy por el mundo, buscando cada instante para aligerarme, porque, pesado, solo tiendo a cansarme y, para no cansarme, es mejor aligerarme.