Ermitaño Soñador

EL DESTINO NOS UNIÓ

Un día el destino nos unió,

sin saber qué nos depararía;

yo dejé muy lejos mi tierra,

tú también la tuya dejabas.

Éramos de pueblos distintos,

de culturas y mundos lejanos;

sin saber que el destino trazaba

un camino para nuestras manos.

Cuando cruzamos las miradas,

algo en mi pecho despertó;

fue una emoción inesperada

que hasta mi alma estremeció.

Te pregunté de dónde eras,

tú preguntaste igual por mí;

y entre palabras y sonrisas,

algo hermoso comenzó a surgir.

Conversamos aquella noche,

sin mirar las horas pasar;

las palabras iban y venían,

como las olas sobre el mar.

Y mientras la noche avanzaba,

bajo un cielo lleno de estrellas,

sin saber lo que nos esperaba,

nació el amor entre aquellas palabras.

Ninguno supo en aquel día

lo que el destino iba a escribir;

que aquel encuentro inesperado

cambiaría nuestra forma de vivir.

Porque así quiso el destino,

dos caminos entrelazar;

dos culturas, dos pueblos distintos,

y dos almas que aprendieron a amar.

Y hoy recuerdo aquella noche,

ese instante que el tiempo guardó;

cuando, sin saber lo que vendría,

¡el destino nuestras vidas unió!