HECTOR FRANCO

Paradójicamente equivalentes

Sé dónde te encuentras:

a ciento cincuenta y siete kilómetros,

a sesenta pasos de la entrada principal,

en línea recta.

Giras a la derecha.

Sesenta pasos más.

No hay puertas, no hay ventanas,

solo una piedra de granito,

a ras del suelo,

con tu nombre tallado.

 

No preguntes por qué nunca fui a visitarte.

La culpa de un perdón que jamás se pronunció,

o tal vez la respuesta a una pregunta

que no se hizo a tiempo,

hacen que sienta

que más lejos estoy.

 

Cuando la tierra que hoy piso

se convierta en cemento,

cuando hagan una losa de concreto,

sé que te veré de nuevo

y tendremos una eternidad para conocernos.

 

No preguntes por qué no te visité antes.

Yo no preguntaré por qué moriste

antes de que la vida me convirtiera

en lo que tú fuiste:

un padre de un hijo.

 

Pues ahora estoy aprendiendo a ser padre,

pero nunca aprendí a ser hijo.

 

Héctor Franco; Paradójicamente equivalentes.