Podría escribir
cientos de poemas,
pero pocos
serían tan sinceros,
como el que llevo guardado
muy dentro del corazón,
fueron angeles
que llegaron
para enseñarme a sonreír,
cómo nunca imaginé
aprendí a llorar,
pero ahora
no son lágrimas de dolor,
son lágrimas
intensas de Amor,
puras como el sol
que arde y brilla
en las mañanas.
Pocas veces
escuche un te quiero,
pero sus actos
nunca mintieron.
Del cielo sus almas llegaron
y al cielo,
sus almas volvieron,
en un instante sin penas
sus cuerpos durmieron.
No escribo para este mundo,
ese poema está escondido
y es como pocos exclusivo,
seguirá estando
tan vivo y sincero,
y jamás lo entregaré,
en el interior lo llevaré
como el más
preciado amanecer,
y así aunque pase el tiempo
se que siempre,
los recordaré.