Bolivar Loncaric Pedro
EL HOMBRE DEL TAXI
El taxi avanza y yo me quedo,
mirando el vidrio que llora también,
las luces de la calle extraña
se quiebran en el andén.
No hay maleta en esta escena,
no hay gesto, no hay perdón,
solo el ruido del motor
y mi respiración.
Me voy a mi casa,
que es lo único que me quedó,
no me lleve su sombra,
me traje mi valor.
Afuera todo es lluvia,
adentro todo es final,
pero el taxi me devuelve
a mi propio umbral.
Libre no, todavía,
herido sí, quizás,
pero volviendo a casa
sin mirar atrás.
Pedro Antonio Bolivar Loncarich.