Puedo escribír los versos más tristes está noche como Neruda, o dormirme y esperar que estes en mis sueños, es una manera de verte, de sentir que puedo tocar tus manos; es un anhelo diario. Puedo vivir como un hombre que ha perdido algo, con esa sensación de vacío en el alma que pareciera no quitarse con nada. ¿Puede el vértiginoso paso del tiempo apaciguar el dolor de una herida ? Si, por los momentos de felicidad de la vida misma o por la tristeza de una flor que se ha ido. A veces quisiera revertir el tiempo, pero no es posible, así cómo no lo es olvidarte. No ha sido posible que dejes de doler en el alma cada mes de abril, dónde los días eran más bonitos porque Dios te trajo para mí. Puedo seguir escribiendo, aunque ya no escuches mis notas desde tu cama, puedo hacerlo, a pesar de mi corazón roto y melancólico. Insisto en seguir buscando tu sonrisa en mi memoria, más allá de mis años, más allá de mis canas tempranas, y si por circunstancias de la vida y de mi andar solitario, llega el momento de no recordar al menos tus ojos; para entonces, seré tan vulnerable, que en mi desconcierto senil, sonreire sin saber porque. No hará falta un nombre, un rostro, solo estará lo que siento por ti, eso que no puede verse, que no se desvanece y que no se apaga, ni por el pasar de los días ni por el transcurrir de las noches frías, eso que me entregaste desde que nos miramos la primera vez Madre.... Tu Amor.