En el silencio de noches sombrías,
la tristeza me abraza, me roba la calma;
la desesperación me consume los días
y un vacío profundo me atraviesa el alma.
A solas, con unos tragos de ron,
intento engañar las penas que llevo dentro;
por un instante se adormece el dolor,
y el corazón descansa de su sufrimiento.
Pero al apagarse la efímera ilusión,
regresa el silencio, más hondo y más frío;
porque el licor no llena los huecos del corazón,
ni puede dar calor donde habita el vacío.
Y sigo buscando, entre sombras y desvelo,
una razón para volver a sonreír;
porque hasta el corazón más cansado y sin consuelo
merece encontrar un motivo para vivir.
G3