Como si el veneno tomara
mi sangre para hacerla suya,
bebiendo de a poco
los pequeños huesos.
Y yo, queriendo dormir,
no puedo: es que devoran
por dentro.
Y vi una nube…
tal vez se apiade
de un cuerpo tierno.
¿Pudieran ellas salvar mi espejo,
quizá mi sombra…
una memoria?
Mi mundo marcha a campo
abierto.
El cielo huyendo lejos.
Las aguas claman,
el sol se apaga,
solo unas nubes
que se derraman.
No tengo manos
como ese tronco
perdió raíces,
quedó sin ramas.
Era un poema que
se hizo arena.
Que no se escuche
que el cuerpo quiebra.
Mi nombre se fue
junto a aguas bravas,
y no regresa.