Se callaron las palabras, y las plumas dejaron de escribir.
Las mariposas en el rosal ya no danzan, y las golondrinas no revolotean por el cielo gris.
Dime tú, oh poeta, por qué dejaste de escribir,
Acaso el angel del invierno se llevó en su seno a tu musa de abril,
O tu voz se enmudeció junto al último ruiseñor gentil.
Los angeles suspiran tristes, y la bruma son sus suspiros que no bebe el alma.
Dime tu, oh poeta, porque callas ese poema que tu alma pide a mares gritarla.
Escucha al cefiro del austro, hasta el endecha en su sino un lamento
Cómo rogando con tono sutil que vuelva a florecer el vergel de tus versos
Que hasta el Eterno quiere escucharla, que hasta el Eterno quiere escucharla.