Contemplarte a ti
es observar el amanecer
justo cuando el ocaso deja de existir
para permitir tu luz en mi devenir.
Esa misma luz perdura en mi atardecer,
a pesar de la nubosidad de mis pensamientos,
que pueden llegar a convertirse en tormentos.
Tormentos que gritan desesperados
al no ver la llegada de su amada,
por quien sus suspiros agonizan.
Como agonizan los latidos de mi corazón
al no escuchar tu voz,
que no es otra cosa que una rima
que a mi vida aproxima
a la felicidad.
Felicidad que construye mi ansiedad
por tenerte a mi lado,
y sé que aún no he desesperado
como para enloquecer.
Y no es que la locura me preocupe,
como me preocupa la cordura
de no saberte mía
al llegar el anochecer.