NAUFRAGIO & ESPLENDOR
Toda mi vida pensé que sabía lo que quería
y buscaba en el amor.
Pensé que tenía claros mis objetivos y gustos personales,
pero las decisiones que tomé en mi vida
me redirigieron a otro camino,
en el cual apareciste tú.
«Me gustan altos», decía, y eras lo contrario.
Quiero un hombre súper masculino...
y joder, tenías más educación y etiqueta que yo.
Así fue fluyendo la marea de un sinfín de cosas
que no te hacían encajar en el perfil del hombre ideal...
pero no lo pude evitar,
a mi corazón lograste entrar.
Cuando quise detenerme en la orilla
y poner resistencia para no entrar
ni dejarme arrastrar por las olas,
que con gran fuerza intentaban llevarme a la profundidad...
comprendí,
comprendí que hacía mucho tiempo ya no estaba en la orilla,
era solo que no lo quería aceptar.
Pero algo más fuerte que mi resistencia
me llevó al plano inicial,
algo que me costó —y me cuesta— aceptar:
porque tu estadía fue tan especial,
que no acepto que fue motivada por una ilusión y nada más.
Lo tengo que aceptar,
porque ahora entiendo que no es mi culpa
que no tengas la capacidad de poder manejar
un amor con tanta vulnerabilidad.
Y al final, la herramienta que el universo decidió utilizar
para hacerme desarrollar mi inteligencia emocional
y llevarla a su máximo esplendor
fue entregarle mi corazón a alguien
que nunca entendió ni siquiera la definición de esta.