huertero
Testigos del revés de la trama
Ustedes, que llegaron con sus lámparas votivas hasta el umbral de mi herida,
vieron pasar el mundo rodando en una lágrima y
no temieron la intemperie de este verbo deshabitado.
Yo arrojé un puñado de cenizas, una baraja gastada en el invierno,
un fragmento de espejo donde se buscaba el rostro de otra,
y ustedes acudieron como quienes descifran las inscripciones de las lápidas,
dejando un rastro de pan, una alianza, un soplo de piedad sobre mi arena.
¿Quiénes somos en este juego de sombras y alucinaciones donde nos encontramos?
Yo somos tú, mudos testigos de una ley más honda que los cambiantes sueños.
Cada comentario de arena y de fuego que colgaron en los muros de este aposento virtual
fue un rito contra el olvido, un pequeño temblor de bujías en mi anochecer.
A todas, a todos, los que tatuaron mis manos con el alfabeto de su escucha
que la distancia no disuelva este pacto sagrado,
que sus almas encuentren el perdón en el reverso del cielo
y que nunca les falte el fuego para encender una lágrima cuando arrecie la noche.