Vale DGlez

Permíteme.

Permíteme soñar contigo, amor mío,
en la noche que se viste de misterio.
Que mi mente se vuelva un tibio río,
donde floten tus besos, mi cautiverio.

Déjame ser la musa de tus días,
la que inspira los versos más ardientes.
Que en tus brazos encuentre mis guías,
y en tus ojos, mañanas relucientes.

Si es verdad que en la noche te imagino,
con la fuerza de un amor que no reposa,
que mi alma te confiese su destino,
y en tu piel encuentre mi dulce rosa.

Que la luna sea testigo serena,
de este anhelo que en mi pecho palpita.
Y que mi voz te llame de esta pena,
buscando en ti la dicha que me invita.

Permíteme que en este instante mudo,
se desaten mis deseos más profundos.
Que mi entrega sea un pacto desnudo,
entre dos almas, dos mundos fecundos.

Si te pienso como el lobo en su afán,
buscando su tesoro, su ternura,
que mi amor sea tu más dulce pan,
tu refugio, tu paz, tu compostura.

Que en las madrugadas, sin temor,
se aviven las pasiones encendidas.
Que mi voluntad sea tu clamor,
y en tus manos, mis sendas perdidas.

Que te entregues a mis dulces caprichos,
a la danza que el cuerpo nos reclama.
Que en tus ojos se reflejen mis dichos,
y mi alma en tu alma, viva en llama.

Permíteme saciar este deseo,
que en silencio mi ser atormenta.
Que mi amor sea tu único trofeo,
y mi entrega tu más bella tormenta.

Soy la esencia del anhelo sincero,
la conjunción de un querer sin medida.
Permíteme ser tu amor verdadero,
tu esclava, tu reina, tu vida.

Que me vuelvas tuya, en cada aurora,
en cada caricia, en cada latido.
Que mi ser entero te implora,
y en tus brazos encuentre mi nido.

 

Vale DGlez y Ángel Glez.