Fausto no vendió el alma al diablo,
se la empeñó en la universidad.
Pasó 20 años leyendo libros
para darse cuenta
que no sabía nada
y encima debía la colegiatura.
Llamó al diablo.
El diablo llegó en Uber.
Traía corbata.
Le dijo:
— Doctor, yo ya no compro almas,
las almas ahora solas se regalan
por un like, por un ascenso, por una beca.
Fausto le dijo: quiero juventud.
El diablo le dijo: tómate un colágeno.
Quiero saberlo todo.
El diablo le dijo: cómprate el internet.
Firmaron igual.
Con lapicero azul.
Sin sangre, que da asco.
Conoció a Margarita.
Le prometió el cielo.
Margarita le dijo:
— Yo no quiero cielo, quiero que pagues la renta.
Al final Fausto no se fue al infierno.
Se fue a un departamento de 30 metros
a pagar cuotas por la eternidad.
Eso es todo.