Dime si merezco tu mirada
y ser el viento que te nombra,
sentir el taller de tu cintura
¡Ay, que locura, que locura!
Déjame beber de tu figura
y que las flores hagan fiesta,
aleja de mi alma la penumbra
y que asoma la turbación,
a pesar de expirar inmóviles;
en la desnudez premura...
¡Ay, que locura, que locura!
Asciende la sed de la liturgia
si hablamos de tu devoción
porque el mar te reclama suya
también la voz de la religión
con esas pupilas diurnas
¡Ay, que locura, que locura!
Si yo entro en tu vida; se vuelve oro
y si me aceptas amoroso
te ofrezco mi vida y mis secretos
Aunque al principio temeroso
sacrifico mis propios vientos,
tus besos me llenan de ternura
¡Ay que locura, que locura!
Dime si de verdad te merezco
y ser el mar que te acaricia
ser el sueño desnudo de un verso
¡Ay, que locura, que locura!