Alan

Promesa.

Podrías haberme visto crecer 

en la apatía de los campos, 

pero fuiste a caer con tus alas 

en otra estrella. 

El sitio nacido de los sueños 

es agua para el río de mis sienes. 

Ese río que no se aparta de mi lado 

cuando el viento corta mis venas 

y yo sangro paisajes. 

La brisa aleja mis palabras, 

vivo con el silencio entre los labios. 

Silencio que se acumula, 

y un amor que rebalsa y se va 

por el borde de mi calle. 

 

La esperanza reencarna 

en perpetuo movimiento. 

Pero cuando el tiempo pasa 

y las flores no nacen en la frente,

comienza un camino que nunca

quisimos encontrar entre los latidos. 

Caen las lágrimas, que son un himno 

no escuchado por las piedras

donde tu aliento se ha perdido.

 

Si algún día volvés de la tierra 

cantando tus sueños, 

espero que veamos 

otro mundo bajo nuestro cielo. 

Poder reír como los árboles 

de tus manos, dominar los vientos 

donde tus años han pasado. 

Pero si tu descanso es eterno 

pronto me iré rápido 

como la luz de los relámpagos. 

Volaremos juntos, bajo tierra, 

entre raíces que los cuerpos sembraron.