Suspendida en mis brazos, tu mirada,
el foso luminoso en que me arraigo,
me inclino ante ella y doblemente caigo.
Solo abrázame, niña encandilada.
¿Indagas la vastedad desplegada?
¿La libertad o el peso que sustraigo?
De sueños y dilemas te distraigo,
sigue pensando, niña, acurrucada.
Un bosquejo que al paso se acuarela,
fantasías o cuentos de ilusión;
tu mente alada al infinito riela.
Prisionero en tus ojos de carbón,
de mi mirada, espejo que revela
esclavo perpetuo, mi corazón.