Entre los escombros
de los campos rojos,
con trucos hemos raptado
al corazón del verano
en esta laguna de lodo y sal,
que se esparce en el tiempo
que acentúa las primeras lluvias
en las tardes reposadas
de un otoño de ámbar
y mariposas azules.
Crujen los campos secos
preparando los sembrados,
son duros para llorar,
pero siempre la vida crepita
en las noches frescas del otoño.