José Luis Barrientos León

Impalpable

 

Un cuerpo que es memoria y es testigo,

el peso de los nombres y los días,

vulnerables al ojo que vigila,

al rostro que se expone ante el castigo.

 

Mejor ser la sospecha, no el rastro,

hurtarse de la luz y la mirada

solo para evadir las acechanzas

de quienes miden el error y el rastro.

 

No hay ambición de fraude ni secretos,

ni el deseo falaz de la sorpresa

en templos donde el labio se traiciona;

la ausencia es un rigor, una destreza,

la herida más feroz y más perfecta:

no poseerte cuando te imagino.

 

Qué tentación la de negar la historia,

borrar el testimonio del espejo,

disolver el perfil, quedar desierto

de toda biografía obligatoria.

 

Y entonces sí, materia al fin ligera,

unirme a la divina arquitectura

de tu piel que me nombra y me clausura;

cometer la blasfemia más dichosa,

donde el deseo ajeno nos redima

y tu carne regrese a mi ceniza.