Y en aquel café de tangos nos vimos,
sin saber quiénes éramos los dos.
Un viejo recuerdo por ahí metido,
en el fondo de la razón.
Dos extraños de siempre,
que se conocían, pero no mucho más.
Miradas distópicas de guía,
que algún día el tiempo las unirá.
Hoy quedan solo fantasmas de otros años.
Al bar vuelvo solo, viviendo sin vos
y las viejas maderas coloridas
sonríen cuando recuerdan nuestro amor.
Cuatro años han pasado de aquel día,
con dos de ellos clavados en la piel.
Poco a poco me voy alejando,
para poder ver la luna otra vez.