¿Qué ceguera es esta, oh cielos,
que al hombre causa extravío,
que en el humano albedrío
se hallen distancia y desvelos?
Pasa el día venturoso
sin mirar la ajena pena,
que la dicha propia llena
de un olvido presuntuoso.
En la próspera fortuna
nadie al prójimo sostiene;
el orgullo que nos tiene
nos aleja de la luna.
Mas si el llanto nos asalta,
y el dolor quiebra la vida,
la fraternidad dormida
milagrosamente meta.
¡Oh vanidad triste e ingrata,
que en la dicha nos desune,
y es la pena la que une
con lazos que la muerte ata!
¿Por qué el alma solo aprende
con la llaga y la desgracia?
¿Por qué no alcanza la gracia
que el amor limpio comprende?
Torpe condición la nuestra,
que en el gozo somos ciegos,
y tan solo en amargos ruegos
la sangre hermana se muestra.
«¿No es triste considerar que sólo la desgracia hace a los hombres hermanos?» reflexión de Benito Pérez Galdós