Harley Ezel

EL FANTASMA DE LO QUE PUDIMOS SER

Lo tengo frente a mí, y al mismo tiempo no lo tengo.

Lo miro a la distancia, envuelto en otra vida,
construyendo un hogar donde yo no quepo,
curando con otras manos una herida que sigue abierta en mí.

Me quema el pecho verlo con su familia,
sabiendo que ese lugar me correspondía a mí,
pero fui yo quien abrió la puerta al silencio,
fui yo con mi inmadurez, con mi insensatez,
quien dejó escapar el único amor que era real.

Cada vez que alguien pronuncia tu nombre,
el mundo entero se detiene.

Se remueve en el fondo de la tierra todo lo que siento,
un amor que intenta dormir para dejarme respirar,
pero que basta con una sombra tuya para volver a despertar,
intacto, feroz, como si el tiempo no hubiera pasado.

Y regreso sin querer a esa noche,
a la luz de aquella fiesta donde todo era posible,
donde te acercaste despacio y me tocaste el pelo.
Aún siento la huella de tus dedos rozando mi trenza,
esa misma trenza que tú también llevabas,
compañera idéntica en el mismo lugar de nuestras vidas.

Éramos dos iguales mirándose a los ojos,
y hoy soy solo el eco de lo que destruí.
Perdóname por no saber amarte a tiempo,
perdóname por tener que amarte ahora,
en silencio, de lejos, y para siempre.

Autor: Juana Mercedes Sevilla