Cuando un adiós puede hacerte sangrar,
lo mejor es el silencio.
Calla, enmudece
Calla, enmudece.
Ni una palabra más
en esta macilenta tarde
en que el cielo desploma
sus lágrimas durmientes.
Calla, enmudece.
No quiero oír este adiós
humedecido que desgrana
mis vencidos rascacielos.
Calla, enmudece.
Déjame ser isla
desierta y sombría,
y así no oír la risa
del fantasma demente
de un adiós inclemente.
Calla, enmudece.
Te vas como llegaste:
quedo… no sé si por
demasiado valor,
o demasiado miedo.
Pero igual te vas,
ostentando esta
bandera derrotada,
y esta lápida absurda
y taciturna… del amor.