Si todo pasa por y para algo, todo está conectado.
Si todos somos partículas de un mismo universo y formamos parte de algo infinitamente más grande que el ego y el yo.
Todos compartimos una misma realidad: somos miembros de una misma familia y, por lo tanto, hermanos.
Pero no todos merecen formar parte de ella por las consecuencias de sus actos.
Y así, la familia es más grande de lo que parece: en quien más confías te puede traicionar…
y quien menos te imaginas puede ser la persona más leal.