A ustedes, que dan vida a cada línea que trazo,
que reciben mis versos y me prestan su abrazo.
Hoy quiero darles gracias con profunda emoción,
por abrirle la puerta a mi propia expresión.
Gracias por leer el alma que dejo en el papel,
por ser el puerto firme, el faro y el pincel.
Sus palabras de aliento, su crítica y su guía,
transforman el silencio en una hermosa melodía.
No solo agradezco el elogio o el aplauso,
sino el tiempo brindado, ese refugio pausado.
Saber que del otro lado alguien vibra y me siente,
es el mayor regalo que un autor tener puede.
Gracias por caminar conmigo en esta travesía,
por convertir mis letras en luz y compañía.
Cada comentario suyo es la fuerza y el motor
que inspira mi pluma a escribir con más amor.