Qué difícil caminar con el alma desnuda donde la sombra su red extiende, donde el abismo al justo confunde y el mundo olvida lo que es sagrado.
Mantener limpia la blanca vestidura
en el torrente de un lodo ajeno,
es el milagro de un pecho tierno
que prefiere el dolor a la llanura.
No te rindas, destello en la niebla,
que tu pureza es un faro encendido,
un eco claro, un canto debido,
que vence al silencio que nos rodea.