Hay una belleza que no necesita explicarse.
A veces tiene raíces, un tallo frágil, un color que se resiste a desaparecer.
Quizá por eso algunas personas les hablan a las flores, como si en su silencio hubiera una respuesta que el mundo ya no sabe dar.
Y las flores permanecen, ajenas a nuestras derrotas, abiertas a una luz que no pregunta por las heridas.
Tal vez vivir sea eso: conservar algo de ternura cuando tantas cosas nos endurecen, encontrar belleza sin exigirle que nos salve.
Y seguir creyendo, a pesar de todo, que hay cosas en este mundo que merecen ser cuidadas.
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Rafael Blanco López
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