Abuelo, hoy te recuerdo con el alma entristecida,
por tus consejos sabios y tus charlas fraternales,
por aquellas tardes llenas de risas compartidas,
que hoy viven en mi memoria como tesoros inmortales.
Me acompaña la añoranza, me abraza la soledad,
y en el silencio de mis días me hace falta tu presencia.
Quisiera volver a escucharte, sentir tu voz una vez más,
y encontrar en tus palabras el refugio de mi existencia.
Aunque el tiempo siga andando y no pueda verte más,
tu recuerdo es una luz que jamás se apagará.
Porque un abuelo nunca muere si vive en el corazón;
se queda en cada consejo, en cada lágrima y oración.
G3