Anoche volviste.
Traías en los ojos
una casa que nunca construí
y en las manos
el silencio de las cosas
que todavía no existen.
Te amé sin conocerte,
como se ama una palabra
antes de que alguien la pronuncie.
Después amaneció.
Busqué tu cuerpo
en la forma vacía de la almohada
y encontré, entre las sábanas,
una pequeña eternidad
que no sabía despertar.
Desde entonces duermo.
No para descansar,
sino para que el mundo
vuelva a equivocarse
y te deje entrar.
Daniel Omar Cignacco © 2026
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