Nahuel.

En un desierto.

—Vengo de bastante lejos, 

De la república oriental;

Un lugar que ya fue derruido.

De un lugar que ya quedó hundido;

Un lugar que la humedad se comió. 

Los húmedos –tan rotos, 

Tan simples en su razonamiento–

Decidieron humectar con lo que tenían, 

Aunque fuera su sangre, 

Aunque fuera su…

Vengo de bastante lejos, como decía. 

He visto, mientras venía, 

Montañas o elevaciones de terreno

Que son de pura piedra ceniza y rugosa.

Piedra que, por la constante llovizna,

Permitió que creciera un resbaloso musgo. 

Este musgo pronto deformó la piedra, 

Dejando grandes huecos en los que 

A veces caía con gran vergüenza. 

Algún diente se me aflojó, 

Algún chichón se golpeó varias veces 

Luego de surgir, tan morado. 

Alguna hinchazón al son de mi corazón 

Palpitó. 

Vengo de bastante lejos, como ya he dicho. 

Sabía que estaba llegando cuando 

Este musgo… molesto poco a poco 

Se fue secando 

En un oscuro amarillo, 

En un verde amarronado, 

En un ya de vuelta gris, 

En un casi amarillo.  

Como fui advertido desde antes

No me preocupé de los pulmones secos, 

De la piel muerta que se desprendía en hilachos,

Camuflada en la fina y suave arena 

Que flota desde el horizonte hacia mí 

Y hacia atrás.

Perdón si llevaba conmigo cierta humedad; 

Creo que ya se está yendo.

Vengo de bastante lejos, como ya he dicho, 

Y las viejas estatuas de las que leí y escuché

Ahora son acompañantes de mi persona, 

De la arena.

Es raro, ¿no? 

Las estatuas parecen viajantes, 

Con sus ropajes ya tan secos

Como los granitos de arena 

Que me rodean 

Y las rodean.