José Luis Barrientos León

Cotidianidad

 

A veces el invierno se adelanta,

se instala en los pasillos de la casa

y congela la voz en la garganta.

Es entonces cuando el frío no es del clima,

sino una estación que derriba

las vigas del esfuerzo, las paredes,

este techo gastado que nos cuida.

 

Y se apaga la luz, no en los ramajes,

sino en el ojo que aprendió a mirarte.

Todo el verdor de ayer se vuelve piedra,

un desierto de cal en el paisaje.

 

Te busco en los escombros de la tarde,

ahí donde la nada cobra peso,

donde el silencio es un derrumbe lento.

Sé que de este naufragio solo queda

un rastro de ceniza entre los dedos,

el eco de un jardín que ya no existe

y este viento que arrastra los recuerdos.