Me tortura pensar en lo cometido,
como una horrible espada que me corta,
que siempre me desgarra y deja herido,
en un sentimiento que me exhorta.
Por haberte asesinado, amada,
por arrancarte el corazón de tu pecho,
cada una de tus partes fue comida;
ahora ya no eres más que hechos.
En una cruel escena del crimen,
del cual yo fui perpetuador;
mis crueles actos me deprimen.
Pero ya no puedo arrepentirme,
pues soy alguien aterrador;
tan solo dejaría matarme.
Autor: Samuel Fuentes