El arma favorita de quien
hiere sin detenerse a pensar,
son las palabras… pero no cualquier
cosa… busca dejar una huella
en tu alma… usando tu trauma.
La confianza que le depositas,
es algo bonito… si se respeta
aquello que has dado, pero si no…
no quiero imaginarme tu dolor,
te van a hacer llorar… y lo van a gozar.
Entrega tu ser… tu mirada,
tu mano… e incluso tus ojos,
pero nunca tu casa… ni siquiera el
corazón, dos cosas importantes…
que para uno… debe ser invaluable.
Sí te clavan una espada en
la espalda… ¿Tú quieres ver
su cara? No, porque te daría miedo…
saber si ese espadachín… es tu papá,
tu novio, tu mamá o tu persona favorita.