Bolivar Loncaric Pedro

DESTINO EQUIVOCADO

Se abrieron las puertas de la gran ciudad,
pero el aire se sentía frío y lejano;
no había cobijo en la inmensidad,
ni el calor esperado de una mano.
 
Tanto cruzar océanos de anhelo,
tantas horas de vuelo y de equipaje,
para descubrir bajo este nuevo cielo
que somos extranjeros del paisaje.
 
Las luces brillan, pero no iluminan,
las llaves abren una puerta extraña;
las ilusiones de pronto caminan
por una nostalgia que por dentro araña.
 
No era este el suelo, no era este el hogar,
el mapa nos vendió un sueño perdido;
y ahora nos toca volver a encontrar
el rumbo de aquello que se ha roto y herido.
 
Pedro Antonio Bolivar Loncarich.