Me retrataste la ciudad prometida,
a semejanza de un amor
que me brindaría estadía.
Fútilmente creí en tu mirada,
imprudencia mía...
pues te fue fácil pintarlo
como sencillo mancharlo.
Primera vez que saboreé la tierra;
mis costillas están por abrirse.
¿Me quedaré aquí hasta pudrirme?
En este mundo ya no me queda nada.
Desarmaste nuestra cinematografía.
El suelo nunca fue suficiente para
implorar que te quedaras.
Hiciste del lienzo una amalgama,
buscando otras personas para
que te dieran el calor que te daría.
Por favor, amor...
no te lleves contigo el lienzo,
ven aquí, amor...
úsame como uno de tus lienzos.
Fue la primera vez que descubrí
con lengua al suelo
el banal y frío sabor de la tierra.
La primera vez que me derramé
por migajas de cariño.
La primera vez que le agarré
gusto al sabor de la tierra...