Me detuve, sin pensarlo dos veces.
La recogí del suelo,
le quité algo de polvo.
Los rayos del sol
se funden con las sombras
al borde del acantilado,
donde la espuma de arcoíris flota
hasta convertirse en nubes.
Un lago de ensueño
y una brisa capaz de volver
sueño o pesadilla el recorrido.
En el centro,
un cartel
junto al campo de rosas:
«Bienvenidos al camino.
No olvide disfrutar de las espinas».
Al dorso de la postal
se leía:
«Ud. está aquí.
En la vida».