Dicen que en la guerra y en el amor nunca debes dejarte vencer, pero aquí estoy, ondeando una bandera blanca, rindiéndome antes del amanecer.
Ya son demasiadas las batallas para este torpe corazón, demasiadas heridas abiertas disfrazadas de ilusión.
Y no es que me rinda por saber que la batalla es desigual, es que ya luché en una guerra parecida y no supe cómo ganar.
Por eso hoy levanto bandera blanca, sin reproches, sin pedir piedad; a veces, el corazón se rinde no por falta de amor, sino por miedo a sangrar una vez más.
Y aunque quizás aún quede esperanza, aunque me duela aceptar la derrota, prefiero una rendición prematura a otra guerra que me deje el alma rota.