Hay signos que florecen en la herida,
presagios que se encienden al pasar;
y un pájaro de sombra, en su caída,
le dicta al horizonte dónde andar.
La noche escribe cifras en el viento,
la luna abre su arcano resplandor;
y el mar descifra, al borde del lamento,
los códices secretos del dolor.
Un signo es una grieta en la memoria,
un fósil de la luz en la pared;
la huella que nos deja nuestra historia,
la llave que nos niega lo que fue.
Hay signos que presagian tempestades,
que anuncian el derrumbe del altar;
y otros, como remotas claridades,
nos salvan cuando todo va a naufragar.
No hay signo que nos dicte el camino,
ni estrella que nos pueda encadenar;
podrá el cielo insinuarnos el destino,
pero es nuestra la forma de llegar.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026