Hoy a dos años de su partida.
Lo esencial no se pierde cuando cambia de forma; deja de
estar enfrente para pasar a habitar en nuestro interior.
Se transforma en parte de lo que somos. Permanece en todo
lo que ofreció a su paso.
Se disuelve en nuestra vida. Así como la analogía de la
sal en el agua: el terrón de sal se disuelve, desaparece a la vista, pero permanece a partir de ahora en esencia en
el agua.
Dándole un nuevo sabor, otra visión, a todo lo
que hacemos a partir de ese momento.